martes, 17 de noviembre de 2009

La rosa que cruje.

Violenta portadora del compromiso.
Deshojarte prepara al eterno descanso.
Una a una se quedan tus espinas en los dedos del ausente.
¿Cuántas historias de amor tuvieron su final
con la gota derramada al contacto de la lengua?
¿Cuántas manos se hicieron cicatriz de tu nombre en otros idiomas
y sin embargo, te crearon distinta en el esfuerzo del lenguaje?

Quizá la rosa sea, el empeño de un hombre que terminará por volar.


Elena Conchello.

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