"Saber que es preciso dejar de indagar-pues es recuerdo y anhelo toda búsqueda- y hallar el modo, simplemente, de invertir la mirada" Chantal Maillard. Diarios Indios.
Mi sueño cae de rodillas sobre el colchón negro de la noche.
Llamo en sus bordes a las fauces de la tierra, más que al amor libre.
No se detiene el sigilo, ni se extiende.
Me encojo la boca en una tempestad incierta de ritmos
la ceguera me brota abundante como hilos de cometa.
Trato de huir, inútil,
la verdad es injusta, perecedera.
Colonizo esa nueva juventud donde se ha perdido mi nombre.
Mi rezo es una transición a un dolor primigenio.
Los hombres abocados a un funeral continuo de alaridos
son segundos de cristal,
son cuerpos efímeros.
El hombre alarido
no conoce el enigma que encierra su eco.
Le he visto rebasando el contorno de mis páginas
increpando la osadía de mi trazo,
para no descansar deberé escribirte
y descansaré después, cuando te haya mirado.
Susurraré en tu voz
y no te intercambiaré por otro,
aprenderé a hablarte bajo la nieve.
Elena Conchello.
sábado, 10 de marzo de 2012
domingo, 5 de febrero de 2012
Sueño XXXVI
También los caminos mueren como los hombres, en silencio, o de pronto se rompen.
Yehuda Amijai.
Busco vivir las edades que mis ojos no recuerdan.
La fuerza se apelmaza en derredor,
me retiene para no fugarme al vacío suspendido en el viento.
No podré ser feliz donde mi mano resiste y no abandona.
Tras de mí, las sacudidas van cediendo a la helada y su embestida.
Escojo la delicadeza, el instante vencido, sin escaramuzas,
la loba seguirá hambrienta en las montañas.
Elena Conchello.
Yehuda Amijai.
Busco vivir las edades que mis ojos no recuerdan.
La fuerza se apelmaza en derredor,
me retiene para no fugarme al vacío suspendido en el viento.
No podré ser feliz donde mi mano resiste y no abandona.
Tras de mí, las sacudidas van cediendo a la helada y su embestida.
Escojo la delicadeza, el instante vencido, sin escaramuzas,
la loba seguirá hambrienta en las montañas.
Elena Conchello.
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miércoles, 1 de febrero de 2012
Poema de Amor de Yehuda Amijai.
Las personas se utilizan como remedio para su dolor.
Se ponen unas a otras sobre sus heridas existenciales,
en el ojo, en el sexo, en la boca y en la mano abierta.
Se agarran unas a otras y no quieren soltarse.
Yehuda Amijai.
Se ponen unas a otras sobre sus heridas existenciales,
en el ojo, en el sexo, en la boca y en la mano abierta.
Se agarran unas a otras y no quieren soltarse.
Yehuda Amijai.
Sueño XXXV
"Olvidar y florecer. Florecer y olvidar; es todo"
Yehuda Amijai de su libro Detrás de todo esto se oculta una gran felicidad.
Yo sé que me he abrazado
a la maniobra de la tristeza
y me he quedado dormida en algún recuerdo.
Hago un nuevo esfuerzo,
escribo sin acometer ninguna respuesta.
Sólo recabo instantes,
viejas órdenes de cómo resolver mi tiempo.
El vencido está vencido
no sé como sobrevivir a ésta lágrima
hay palabras prohibidas
lo sé.
Elena Conchello.
Yehuda Amijai de su libro Detrás de todo esto se oculta una gran felicidad.
Yo sé que me he abrazado
a la maniobra de la tristeza
y me he quedado dormida en algún recuerdo.
Hago un nuevo esfuerzo,
escribo sin acometer ninguna respuesta.
Sólo recabo instantes,
viejas órdenes de cómo resolver mi tiempo.
El vencido está vencido
no sé como sobrevivir a ésta lágrima
hay palabras prohibidas
lo sé.
Elena Conchello.
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domingo, 13 de noviembre de 2011
Sueño XXXIV
"Si tu pudieses saber a través de mí...entonces aprende de mí, que tuve que permanecer totalmente expuesta y perder todas mis maletas con sus iniciales grabadas"
Clarice Lispector del libro La pasión según G.H.
A ciegas, en la inmensidad de las calles
con mi piel a cuestas.
¿Cuánto lejos puedo escuchar?
¿Cuáles fueron los intersticios por dónde escapé de él?
La luz que procedía de lo que antes se anclaba a mis pasos,
hoy es inmensamente frágil.
¿Dónde debo derramarme para dejar de ser quien era?
Para qué volver atrás si mi tren ha partido en marcha y conmigo en sus baúles.
Para qué salvarte si ya eres mi brazada más salvaje contra la vida.
Afróntame sin cuerpo, sin ideales.
Afróntame vacía para que vuelva a llenar mi equipaje.
Elena Conchello.
Clarice Lispector del libro La pasión según G.H.
A ciegas, en la inmensidad de las calles
con mi piel a cuestas.
¿Cuánto lejos puedo escuchar?
¿Cuáles fueron los intersticios por dónde escapé de él?
La luz que procedía de lo que antes se anclaba a mis pasos,
hoy es inmensamente frágil.
¿Dónde debo derramarme para dejar de ser quien era?
Para qué volver atrás si mi tren ha partido en marcha y conmigo en sus baúles.
Para qué salvarte si ya eres mi brazada más salvaje contra la vida.
Afróntame sin cuerpo, sin ideales.
Afróntame vacía para que vuelva a llenar mi equipaje.
Elena Conchello.
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martes, 1 de noviembre de 2011
Sueño XXXIII
Hay días donde todas las verdades del hombre, aúllan sin piedad en mi mente y sólo me dejan un despertar vencido por la fuerza de su mensaje.
Ni tan sólo un ruido al marcharte
sólo un atrás en adelante
como quien nadara sin corriente,
huecos intentos de una orilla a otra
eres otro que jamás alcanzaré.
Despierto lentamente
en este laberinto donde un para siempre nos dejó sin frutos.
No sé decirte,
cuales ramas de mis huesos se han secado
cómo me podré ayudar,
hacer ese gesto con simpleza
y no caer en ningún nuevo juego
seguir ardiendo de las ramas secas
y limpiarme los sentidos de estos ojos muertos.
Elena Conchello.
Ni tan sólo un ruido al marcharte
sólo un atrás en adelante
como quien nadara sin corriente,
huecos intentos de una orilla a otra
eres otro que jamás alcanzaré.
Despierto lentamente
en este laberinto donde un para siempre nos dejó sin frutos.
No sé decirte,
cuales ramas de mis huesos se han secado
cómo me podré ayudar,
hacer ese gesto con simpleza
y no caer en ningún nuevo juego
seguir ardiendo de las ramas secas
y limpiarme los sentidos de estos ojos muertos.
Elena Conchello.
domingo, 23 de octubre de 2011
Sueño XXXII
"No estoy aquí porque quiera darte lecciones, sino por otros motivos, porque también yo estoy aprendiendo, con dificultad. Pero ya son demasiados los que están cansados. Mi alegría es áspera y eficaz y no se complace en sí misma, es revolucionaria.
Todas las personas podrían tener esa alegría pero están demasiado ocupadas en ser corderos de Dioses"
Clarice Lispector, del libro "Aprendizaje o el libro de los placeres".
Mi mano es más pequeña, más delicada
es una herramienta lenta ante el hombre y la escritura.
Estoy dentro, es constante.
Sácame de esta concentración que muerde.
-Qué bien lo haces,
llega El fin…
no podré seguir escribiendo
lo dejo todo en tus manos.
-Yo lo hago por ti.
Sólo dime, ¿dónde?
¿en las máscaras?
¿en mis heridas?
-Soy una respuesta:
darnos con la condición de no olvidar humanizarnos.
-Te aprieto.
-Así no conseguirás que me vaya.
-Afuera llueve,
déjame al menos la huída y mezclaré mi yo, con tus otros yo,
crearé otra lluvia con la cual jamás limpiarnos.
-¿Y yo?
-Estás por encima de ti.
Tú me enseñas acarreando tus viejas batallas.
-Sabiduría. ¿Duele?
-Puede, y a veces, es cruel.
-Difícil, se habla y se dice lo contario,
nos perdemos y buscamos infatigablemente
aunque el hombre se mienta.
Yo reconozco límites imposibles
en las fronteras de nuestra libertad.
-No te asustes.
-No me asusto, te sostengo,
pero intento entender de otra forma,
transcribirnos y escuchar.
Tardaré una vida en enlazar los elementos y oponerlos
tardaré en probarte con otra ambición que no sea volar.
Elena Conchello.
Todas las personas podrían tener esa alegría pero están demasiado ocupadas en ser corderos de Dioses"
Clarice Lispector, del libro "Aprendizaje o el libro de los placeres".
Mi mano es más pequeña, más delicada
es una herramienta lenta ante el hombre y la escritura.
Estoy dentro, es constante.
Sácame de esta concentración que muerde.
-Qué bien lo haces,
llega El fin…
no podré seguir escribiendo
lo dejo todo en tus manos.
-Yo lo hago por ti.
Sólo dime, ¿dónde?
¿en las máscaras?
¿en mis heridas?
-Soy una respuesta:
darnos con la condición de no olvidar humanizarnos.
-Te aprieto.
-Así no conseguirás que me vaya.
-Afuera llueve,
déjame al menos la huída y mezclaré mi yo, con tus otros yo,
crearé otra lluvia con la cual jamás limpiarnos.
-¿Y yo?
-Estás por encima de ti.
Tú me enseñas acarreando tus viejas batallas.
-Sabiduría. ¿Duele?
-Puede, y a veces, es cruel.
-Difícil, se habla y se dice lo contario,
nos perdemos y buscamos infatigablemente
aunque el hombre se mienta.
Yo reconozco límites imposibles
en las fronteras de nuestra libertad.
-No te asustes.
-No me asusto, te sostengo,
pero intento entender de otra forma,
transcribirnos y escuchar.
Tardaré una vida en enlazar los elementos y oponerlos
tardaré en probarte con otra ambición que no sea volar.
Elena Conchello.
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