sábado, 10 de marzo de 2012

Sueño XXXVII

"Saber que es preciso dejar de indagar-pues es recuerdo y anhelo toda búsqueda- y hallar el modo, simplemente, de invertir la mirada" Chantal Maillard. Diarios Indios.

Mi sueño cae de rodillas sobre el colchón negro de la noche.
Llamo en sus bordes a las fauces de la tierra, más que al amor libre.
No se detiene el sigilo, ni se extiende.

Me encojo la boca en una tempestad incierta de ritmos
la ceguera me brota abundante como hilos de cometa.

Trato de huir, inútil,
la verdad es injusta, perecedera.

Colonizo esa nueva juventud donde se ha perdido mi nombre.

Mi rezo es una transición a un dolor primigenio.
Los hombres abocados a un funeral continuo de alaridos
son segundos de cristal,
son cuerpos efímeros.

El hombre alarido
no conoce el enigma que encierra su eco.

Le he visto rebasando el contorno de mis páginas
increpando la osadía de mi trazo,
para no descansar deberé escribirte
y descansaré después, cuando te haya mirado.

Susurraré en tu voz
y no te intercambiaré por otro,
aprenderé a hablarte bajo la nieve.


Elena Conchello.

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