viernes, 11 de diciembre de 2009

Celebración


En este camino, lleno de otros caminos,
caminar es la única consigna,
caminar con los ojos cegados
hacía el sol del vuelo humano.

Donde pensé no poder,
el hombre me llamó en repetidas ocasiones
para hacerme capaz
con una carne alejada de la orilla,
vida que desde entonces discurre en papel y mirada.

Antes de cada acto nuevo y siendo cada día
un acto nuevo el que inauguramos
nuestro mundo ya dió otra vuelta
y fue ese movimiento todo su cometido.


Aquí estoy mundo, un reto inalcanzable para tus manos.

Elena Conchello.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Sueño IV

El vendaje era preciso para escribir con violencia
y no derramar ninguna transparencia en lo dicho,
era preciso construir una cárcel,
donde no se escucharan las cadenas
a través del eco de las puertas.
El vendaje me fue revelado en la incursión poética,
en su amalgama de bocas sedientas y el vaso a su alcance lleno.
El vendaje se repetía en torno a mí y sin mi presencia,
estaba en todo lo dicho, sin que quedara inscrito en mis huesos
ni ninguno de mis sueños.
El vendaje fue preciso como herramienta quirúrgica,
como bozal anestésico,
para calcular mi caída y asimilar
lo dicho, lo imposible, lo insoñado.


Elena Conchello.

domingo, 6 de diciembre de 2009

Sueño III

En la cubierta del cielo mis velas se agolpan
con el sigilo de la tristeza.
Lloro por la tarde, donde dejé partir un pensamiento de amor
y me cupieron diez pensamientos de distintas razas y especies.



Elena Conchello.

Poema del poeta griego Arquíloco

Corazón, corazón, si te turban pesares
invencibles, ¡arriba!, resístele al contrario
ofreciéndole el pecho de frente, y al ardid
del enemigo opónte con firmeza.
Y si sales vencedor, disimula, corazón, no te ufanes,
ni, de salir vencido, te envilezcas llorando
en casa. No les dejes que importen demasiado
a tu dicha en los éxitos , tu pena en los fracasos.
Comprende que en la vida impera la alternancia.


Arquíloco.


Del libro, "Líricos griegos arcaicos" Autor: Juan Ferraté. Ed.Acantilado.

Líricos griegos arcaicos de los siglos VII y VI a.C.

Si fuésemos sensatos, el que muere no nos ocuparía más de un día.

Siendo tan largo el tiempo de estar muertos, vivimos malamente pocos años.

No hay nadie sin reproche, ni sin daño.


Semónides.


Temo que sea faltándole a los dioses
como obtendré la estima de los hombres.


Ibico.



Se desvanece, cuando un hombre muere, todo el favor que le otorgaba el mundo.

Estesícoro.



Pues aquellos a quienes yo quiero bien, de todos son los que más me dañan.

Viniste, y yo te quería;
y helaste mi corazón encendido de deseo.

No sé qué hacer: mi pensamiento es doble.


Safo.



La muerte alcanza incluso al que evita el combate.

Sin pena los dioses hurtan las inteligencia del hombre.


Simónides.



Todo a un mortal se lo hacen su esfuerzo y su humano cuidado.

Te busco sin dejar de hacer presagios.

Pues de verdad, a ti te estrangula el amigo.


Arquíloco.


Quien quiera luchar que luche: se puede.

Otra vez quiero y no quiero y deliro y no deliro.


Anacreonte.



Del libro, "Líricos griegos arcaicos" Autor: Juan Ferraté. Ed.Acantilado.

viernes, 4 de diciembre de 2009

Consejos a un escritor. Antón Chéjov.

No son los conocimientos los que luchan, no es la poesía contra la anatomía, sino los errores, esto es, las personas.


Su tarea es trabajar gradualmente, día a día, calladamente, estar preparada para los errores, que son inevitables, para los fracasos, en una palabra, mantener su línea artística, y que los demás cuenten las llamadas a escena. Escribir o interpretar un papel y ser consciente a la vez de que no haces lo que habría que hacer, es algo tan corriente, y para los principiantes, ¡tan útil!


Usted siente que no sale bien, pero no crea lo que siente, es una falsa impresión.


¡Jóvenes, no se desanimen!
Por supuesto que hace mal en ser vago y escribir poco. Usted es un "principante" en todo el sentido de la palabra y no debe olvidar, incluso amenazado de pena de muerte, que cada línea de hoy constituye el capital del futuro.

Sueño II

He escuchado a un muerto desde la cabina de mi cuarto
fundidos los lenguajes, el vivo no sabe responder.
El muerto pretende descorchar las botellas en su aniversario
aquellos años en que yo olvidé su decir
y el modo en que finalmente se fue callando.
El muerto no es trágico, ni querido,
es un muerto que sigue en pie persiguiéndome en el sueño.
Al muerto le florecen sus hijos, sus generaciones
que ya nunca le besaran su rostro.
A veces cuando le desdibujo, su tez se asemeja en el espejo a mi tez y su frío al frío de mis huesos.
Y me digo:
Solo no es querido lo que ha envejecido y en su presencia la luz se mantiene intacta.


Elena Conchello.