viernes, 8 de julio de 2011

Sueño XXX

La vida se vengaba de mí.
Y la venganza consistía sólo en regresar.Nada más.

Clarice Lispector



Hablas, me hablas.

No es fortuito.

Es seguro.


Me dices

cosas que escuchan mis otras cosas que no son yo;

mi mutismo, mi miedo, mis huesos congelados.


Hablas.

No son tonterías.

Aunque mi dolor les niegue su verdad inmediata.


Has dicho

que si no escribieras

no escucharía la acuosidad de tu sonrisa en mis oídos,

tu esperanza sin nombrarla como arquetipo.


Lo has dicho;

escribir algún día alcanzará a mis otras palabras

aquellas que no fueron del todo mías.


Ahora estoy segura.

Solo lo había dejado tartamudo,

el poema,

cabizbajo y vagabundo.


Elena Conchello.

domingo, 15 de mayo de 2011

Sueño XXIX

Una fuerte pasión no se ampara bajo inútiles quejas
en flácidas respuestas.

Una fuerte pasión es contener los aullidos del salvaje
sin que el corazón se rompa,
es llorar si es preciso,
frente al secreto que llevan los pájaros a las nubes.

Es reconocer, sí, lo siento, soy ignorante, mortal,
y no puedo sola el presente.

Es determinar hasta cuando serás una carga
como pasado o experiencia.

Es no ceder a la animalidad
y el absurdo espionaje al que nos sometemos.

Es dejar de pensar que sería mejor,
es nacer en la sed del sediento, en la crecida del río
en la próxima decisión que nuestra vida tome.


Elena Conchello.

lunes, 25 de abril de 2011

Sueño XXVIII

Afortunadamente ni ego

Nunca acepté los confines de la tierra en la sangre enterrada
nunca los errores mortales de la locuaz e irreverente política y su gesta.
Reto a un enjambre de polifónicas mentiras
me tragan en la opinión, y se rebelan, melifluas, abaratadas.
Peleo, sí,
con la tiranía de los dientes en una media luna insobornable en mi cara.
Peleo, sí,
en la inmediatez de la herida y su poso vencido de agotamiento.
Sin contagio no habrá con que echar de comer a los ojos de la historia
contagio es nuestra senda, mujer inacabada.

sábado, 12 de marzo de 2011

Sueño XXVII



Hoy quiero vivir en el borde de una sonrisa
en el capítulo donde los finales se suspenden
como gota, como aire, como incendio que inunda las pausas.

Aquí donde mis caras se enfrentan a una cara,
a un margen proyectado fuera de mi misma,
en un proscenio que nada otorgue.

Aquí, en el retrato cabizbajo de la máscara
y el impulso a escapar de la certeza,
aquí en tus labios,
aquí donde mi piel es refugio de fantasmas,
en la reflexión necesaria cuando crecemos
y de nosotros, uno se despide.


Hoy quise crecer y al fin, escribió mi mano.


Elena Conchello.

sábado, 15 de enero de 2011

Sueño XXVI


Donde a veces es necesario perder al silencio,
cuando la luz inicia su ensoñación al oscuro
y los árboles quedan indefensos
ante las hojas vencidas.
Cada vez más sonido
que nadie quiere escuchar
sin transformarlo en mensaje.

En la libertad del lenguaje y sus cadenas
reconozco el sueño de la conquista bajo palabra
y su verdad llena de acertijos ,
construyendo en un cuerpo a cuerpo al poeta.


Elena Conchello.

lunes, 22 de noviembre de 2010

"La violación de Lucrecia"




Palabras, después de asistir a la "Violación de Lucrecia", de William Shakespeare, interpretado por Nuria Espert.

Amaba sin tolerar la esmeralda que en su mirada guardaba.
Todo lo que ella le evocaba,
incendiaba en su fantasía el espanto, excitando su lujuria.
El deseo le fue arrebatado fuera de un humano contorno,
sobre unos labios de penumbra,
en una desleal táctica.

Besó sin reparar, que el cuerpo se da sin mesura
en los acantilados de la locura más cercana al vacío.
De palabras el sexo le inundó,
y lo apostó a una desigual batalla.

Lucrecia se interrogaba;
-¿Por qué el capricho en un sólo hombre, la historia nunca verá reparado?

Mientras Tarquino, atroz, ya se arrastraba entre las sombras.

martes, 2 de noviembre de 2010

Sueño XXV





Una mujer como un acertijo,
como páramo asolado que creciera a destiempo
en un delicado tacto.

Mi amor calla secretos que no quieren madrugar
y se arrebata del celo de cuanto entrega y recibe sin licencias.
A punto de convertirse en unas piernas sin memoria
abriendo para los labios del mundo
el desierto de la nieve cálida.

Deslizo las cicatrices en el ralentí de las olas
mientras hacen eco los latidos en interjecciones desnudas.


Elena Conchello.
Autora de la escultura, Camille Claudel.